Mete crítica: La La Leando y gerundiando con los premios Óscar 2017

Mete crítica: La La Leando y gerundiando con los premios Óscar 2017

Sí, nadie pone en duda que La La Land: Una Historia de Amor es un ejercicio fílmico impecable en su manufactura, y sorprendente por la naturalidad con que reutiliza el lenguaje propio de los musicales clásicos y traslada a la pantalla grande diversas convenciones teatrales. Como se ha dicho en diversas ocasiones–yo mismo lo plasmé […]

Por Carlos Báez el 2 febrero, 2017

Sí, nadie pone en duda que La La Land: Una Historia de Amor es un ejercicio fílmico impecable en su manufactura, y sorprendente por la naturalidad con que reutiliza el lenguaje propio de los musicales clásicos y traslada a la pantalla grande diversas convenciones teatrales. Como se ha dicho en diversas ocasiones–yo mismo lo plasmé en el análisis correspondiente que escribí para el periódico en donde tengo oportunidad de que encuentren espacio mis delirios–, estamos ante un sentido testimonio de amor al cine. Sin embargo, y como también lo dije en su momento, no estamos ante una obra maestra ni mucho menos. Es una película de fórmula, brillante en su aplicación –lo que le pone encima del promedio– pero predecible por momentos, amén de que la trama queda en una anécdota sumamente básica, siendo superada por propuestas del mismo año, igualmente bien logradas, pero de una mayor complejidad, dígase Animales Nocturnos por ejemplo.

Pero entonces, ¿a qué obedece el que se convirtiera en una sensación, que alcanzara 14 nominaciones en los premios Óscar y que incluso se pueda pensar que la actuación de su protagonista –sí, cumplidora pero nada más– pueda estar por encima de portentos como el que entrega Natalie Portman en Jackie? Bueno, una de las razones tiene que ver con lo efectiva que resulta la vuelta de tuerca incluida, que apoyada en la intensidad emocional y la fuerza romántica de ensueño agridulce con que llega a la recta final, logra desbordar incluso a muchos especialistas que no dudaron en endiosarla a más no poder. Otra razón es, que a pesar de no estar al mismo nivel, alcanzó a cumplir con las altas expectativas generadas por el anterior acierto fílmico de su director. Esto en una especie de repetición de ese fenómeno que se dio con las dos recientes nominaciones al Óscar de Alejandro González Iñárritu, en donde mucho del ruido extra de la segunda, fue un rebote magnificado de lo que significó la primera, es decir, La La Land es a Whiplash: Música y Obsesión, lo que en su momento fue Revenant: El Renacido a Birdman o (La Inesperada Virtud de la Ignorancia).

Ahora, ¿adónde nos lleva toda esto? Primero a comprobar que la Academia estadounidense, no premia lo mejor, sino lo más sobresaliente –que es algo muy distinto– y están en todo su derecho por supuesto. Pero además, que entre las diversas implicaciones que influyen –como el contexto político y las tendencias del entretenimiento–, está también la popularidad. Como sea, esto no le resta trascendencia a la ceremonia, ni implica que no podamos disfrutarla, por el contrario, es parte de lo que hace tan especial la fiesta fílmica que para todos los cinéfilos,en términos de show deportivo, representa nuestro Superbowl. Amén de que, insisto, tampoco quiere decir que La La Land no sean una gran película, lo es, pero ciertamente, ha sido algo sobrevalorada.

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