Hollywood es cruel. Su negocio es hacer negocio, y si en el camino para alcanzar esa meta están nuestros sentimientos, no dudará en aplastarlos a cambio de una ganancia financiera al final del año. Aceptémoslo.
Hollywood ha sido en su momento hogar y escuela de varias generaciones de grandes cineastas. De Ernst Lubitsch, John Ford y John Huston a Martin Scorsese, Francis Ford Coppola ySteven Spielberg.
Pero en estos tiempos, resulta que incluso un director con el prestigio y reconocimiento de Martin Scorsese no la lleva fácil para encontrar dinero para producir sus siguientes películas (Silence y The Irishman, sus próximos filmes, necesitaron de la llegada de inversión mexicana para ver la luz), ya que sus filmes no son éxitos de taquilla del nivel que los estudios buscan actualmente. Los estudios quieren los fenómenos, los llamados ‘eventos’ o ‘tentpoles’ que rompen récords y que permiten sacar continuaciones. Quiere lo que logran los Minions, Avengers: Era de Ultrón,[entity_embed style="link-tomatometro" Rápidos y Furiosos 7, Mundo Jurásico,Star Wars: El Despertar de la Fuerza, etc.
Hollywood le da la espalda a la originalidad y eso duele, cuando se conoce bien su historia y tradición.
Y Hollywood es tan cruel que mientras golpea nuestra cinefilia con el abandono total a cualquier posibilidad de originalidad, lo hace mientras juega con nuestros sentimientos, al enfocarse (o debería decir, obsesionarse) con desarrollar un amplio abanico de productos que apelen a la nostalgia de quien sea.
A recuerdos de una película, libro, cómic, serie de televisión o historia significativa de hace una o varias décadas, y que en esta edad adulta estaremos dispuestos y ansiosos a revisitar (y pagar en el proceso) en forma de películas y series.

El grado de frenesí por todo lo que pueda suponer a un espectador que ya conoce del material, ha tomado a Hollywood
por completo, al grado de que varios estudios han anunciado abiertamente que dedicarán menos parte de su presupuesto a producciones de material original y más a desarrollar proyectos cuya fuente fuera ya material exitoso-popular previamente, en cine o en otros medios y formatos como tv, novelas gráficas, videojuegos, novelas juveniles, caricaturas, seriales literarios, cómics, etc.
Tan solo esta semana hubo noticias de una posible secuela de La Pasión de Cristo, un reboot de La Gran Estafa y un remake de Muerte en el Expreso de Oriente. Todo a la mitad de un año con una serie de estrenos que incluyen una nueva versión de Ghostbusters, nuevas entregas del Marvel Cinematic Universe, la llegada de nuevos personajes del universo fílmico de DC, la cuenta regresiva para un spin-off que sucede en el universo de Star Wars, el rodaje de la 8ª entrega de la saga Rápidos y Furiosos.
Proyectos como Birdman o (La Inesperada Virtud de la Ignorancia), Revenant: El Renacido y Gravedad, a pesar de su éxito en taquilla, son vistos cada vez más como posibles riesgos que como atractivas oportunidades. Un dólar invertido en ese tipo de filmes corre mayor riesgo de no generar una ganancia para un estudio, que meter ese dólar en la torre de dinero para lanzar y apoyar el lanzamiento de la siguiente entrega de la franquicia de Warner Bros. y DC Comics, de lo que tengan Disney y Marvel, de la próxima película de Transformers de Michael Bay, etc., etc.

El cine ha sido una industria siempre en constante transformación y adaptación ante la llegada de otros medios y el desarrollo de diversas tecnologías.
En los tiempos de la multitud de pantallas, donde plataformas de streaming se han convertido en los nuevos canales exclusivos con producciones originales, donde es posible ver una película en una televisión, una computadora o un teléfono, el cine como negocio trata de encontrar a su público en el contexto global, dejando otro tipo de propuestas y experiencias, a otros nuevos y/o viejos (el boom de las series de TV de la década pasada y parte de esta) jugadores de la industria.
Son definitivamente tiempos de cambio.
Para los interesados en el tema, les recomendamos dos lecturas muy interesantes sobre cómo funcionan los estudios de cine y la industria del entretenimiento a nivel negocios y desde adentro:
– Blockbusters: Hit-making, Risk-taking, and the Big Business of Entertainment, de Anita Elberse; y
– The 11 billion year, de Anne Thompson.